Del «Mundo oscuro» al Renacer: La vida después de la drogadicción

Los directores del Centro Renacer (Centro Especializado en el tratamlento de las adicciones), Martín y Sebastián, pasaron décadas en el infierno del consumo antes de convertir su propia supervivencia en un faro para otros. 

El camino hacia la recuperación suele empezar con un golpe de realidad. Para Martín Silva, ese golpe tardó 30 años en llegar. Hoy es el director del Centro Renacer, pero en su memoria aún vive aquel hombre que a los 42 años entendió que el consumo activo no ofrece atajos: solo tiene cuatro destinos posibles: el hospital, la cárcel, el suicidio o la muerte. «No hay final feliz en el consumo activo», señaló Silva.

«Es un mundo muy oscuro», dice Martín con la calma de quien ya no tiene que huir. Aunque tuvo una buena crianza, reconoce que una libertad «mal aplicada» y una herencia familiar marcada por el alcohol lo fueron empujando. De la cerveza de la adolescencia pasó a la cocaína a los 18, y en el 2002, a la pasta base. «La pasta base te hace abandonar todo tipo de pulcritud», reflexiona. Su recuperación no fue un milagro de un día; le llevó un año entero tomar la decisión de internarse después de que un amigo lo invitara. Hoy, su mayor tesoro es haber recuperado el trato con sus hijos y su madre además de poder ayudar a otros.

A su lado está Sebastián Ferrari, subdirector del centro. Su entrada al mundo de la pasta base fue casi accidental, pero sus efectos fueron devastadores. «Consumía cocaína y, al buscar una dosis más, no había. Me dieron pasta base», recuerda. A partir de ahí, la ruina: robar a su madre, vender los muebles de la casa y las herramientas de trabajo.

Sebastián habla con una honestidad descarnada sobre el precio de la adicción. Aunque hoy vive basado en principios espirituales y el amor incondicional por ayudar a otros, carga con un silencio que duele: el de su hija, que aún no desea contacto con él. «Es la cruz que tengo que cargar. La esperanza no la pierdo, pero entiendo su postura. La vida continúa».

Ambos concuerdan en que el adicto es un «rey de la manipulación», pero también alguien capaz de una empatía profunda una vez que logra cambiar su entorno.

Entre los residentes actuales está Pablo Lacava, cuya lucha es doblemente pesada. Pablo padece espondilitis anquilosante, una artritis crónica que amenaza con fusionar sus vértebras y dejarlo encorvado para siempre. Durante 24 años, el alcohol y la marihuana fueron su anestesia para una baja autoestima y el sentimiento de ser «invisible».

«Mi vida era una locura», confiesa Pablo. Para él, ver a Martín y Sebastián es ver que la salida es posible, aunque el miedo y la inseguridad todavía lo acechen. Su testimonio derriba el mito de la marihuana como algo inofensivo: «Muchos comienzan para ser parte de algo», explica, señalando cómo el deseo de pertenecer suele ser la puerta de entrada al abismo.

En el kilómetro 28.500 de Camino de la Costa y Ruta 45, el Centro RENACER funciona bajo una premisa sencilla pero innegociable: la voluntad de querer salir. No importa cuán profundo sea el pozo o cuántas recaídas se carguen en la espalda, como le sucedió a Sebastián antes de su internación definitiva, lo que importa es el deseo de pasar el mensaje.

Para quienes sienten que ya no hay retorno, los teléfonos de Martín y Sebastián no son solo líneas de contacto, son un puente de regreso a la vida.

Ubicación: Camino de la Costa, km 28.500 (San José)

Martín Silva: 096 865 804/ Sebastián Ferrari: 097 791 326

Asistencia: También a través de las oficinas territoriales de Mides.