Tras más de dos décadas de negociaciones, el histórico tratado comienza a regir en su fase comercial, marcando un antes y un después para las economías de la región. El acuerdo une al rededor de 780 millones de consumidores y cuenta con varios puntos fundamentales.
Este próximo viernes 1° de mayo comenzará a regir el Acuerdo de Asociación Estratégica UE-Mercosur. Este hito marca el inicio de la implementación de la fase comercial del tratado, luego de que ambos bloques lograran los consensos necesarios tras veinticinco años de complejas negociaciones.
La entrada en vigor provisional permite que las disposiciones relacionadas con el comercio de bienes y servicios comiencen a aplicarse, mientras continúa el proceso de ratificación parlamentaria definitiva en algunos Estados miembros de la UE. Para el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), representa una oportunidad sin precedentes de acceso preferencial a uno de los mercados más grandes y de mayor poder adquisitivo del mundo.
¿Qué cambia a partir del 1° de mayo? Los pilares del acuerdo:
El tratado trasciende la simple reducción de aranceles; postula una integración profunda estructurada en tres ejes fundamentales.
Este es el núcleo económico del acuerdo y busca crear una zona de libre comercio masiva.
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Se prevé la eliminación progresiva de aranceles para la gran mayoría de los bienes. La UE liberalizará el 100% de sus importaciones industriales del Mercosur y cerca del 82% de las agrícolas. Productos estrella de nuestra región como la carne vacuna, aves, azúcar y etanol contarán con cuotas de acceso con aranceles preferenciales.
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Por su parte, el Mercosur liberalizará más del 90% de sus líneas arancelarias para productos industriales europeos (automóviles, maquinaria, químicos) y cerca del 93% para agrícolas (vinos, quesos, aceites). Esta apertura será gradual, con plazos de hasta 15 años para proteger a los sectores locales más sensibles.
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El acuerdo simplifica trámites aduaneros, armoniza normas técnicas y sanitarias, e incluye capítulos modernos sobre comercio de servicios, inversión y acceso mutuo a las contrataciones públicas (licitaciones estatales).
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Se reconocerán y protegerán cientos de «Indicaciones Geográficas» (IG), resguardando nombres como el queso Roquefort o los vinos de Rioja, así como productos emblemáticos del Mercosur, contra imitaciones.
Este eje es crucial en el contexto actual y establece que el crecimiento económico no debe darse a costa del planeta o de los trabajadores.
Ambas partes ratifican su compromiso con la implementación efectiva del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, incluyendo la lucha contra la deforestación ilegal y la gestión sostenible de los bosques.
Se postula el respeto a los estándares laborales fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Los gobiernos mantienen la potestad de tomar medidas para proteger la salud o el ambiente ante riesgos potenciales y se comprometen a no rebajar sus legislaciones actuales en estas materias para atraer inversiones.
El acuerdo formaliza y profundiza la relación bilateral en ámbitos no comerciales mediante un diálogo fortalecido que establece mecanismos para un diálogo político regular sobre democracia, derechos humanos, seguridad y desafíos globales.
Asi mismo, se impulsará la colaboración en ciencia, tecnología, educación, cultura y desarrollo social, buscando reducir asimetrías y promover un crecimiento equitativo.
La entrada en vigencia provisional del acuerdo previsto de entrada en vigencia este 1° de mayo, representa una señal potente a favor del multilateralismo y las reglas claras en un contexto global incierto. A partir de ahora, la tarea será maximizar los beneficios de este acuerdo histórico, garantizando que su impacto sea positivo y sostenible para los paises implicados.

