La Basílica Catedral de San José de Mayo recibirá el tan ansiado órgano de tubos Walcker donado por la Iglesia de Saint Jean de Ginebra. En esta instancia, llegarán desde Suiza también otros instrumentos adquiridos para nuestro país. Dos jóvenes maragatos, Vincent y Lautaro, viajaron a Ginebra para el desarme del órgano, y el posterior embalaje del mismo y el resto de los instrumentos.
Vincent, destacó las vivencias del viaje y realizó un relato del mismo a pedido del cónsul de Uruguay en Suiza:
«Los pasados mes de febrero y marzo con un compañero de San José, Uruguay y otro de las Islas Canarias llegamos a Suiza con una misión concreta: desmontar un órgano en Ginebra y reunir otros instrumentos para transportarlos a Uruguay con el fin de darles una nueva vida y que sean usados por los jóvenes para estudiar y formarse en música; pero lo que terminó pasando fue una sucesión de anécdotas difíciles de olvidar.
El proyecto surgió como una sorpresa luego de comenzar con la restauración del órgano de San José a manos del maestro organero Mario D’amico (responsable de la conexión con la oportunidad y la logística para el trabajo). Al inicio dudamos de que se concretara ese sueño, era algo impensado que dos jóvenes del interior tuvieran esa oportunidad y más aún sin haber viajado antes. Sin embargo apenas recibimos la noticia en unas pocas semanas se organizó todo lo necesario para que podamos ir a desmontarlo.
El órgano nos esperaba en lo alto del templo de Saint Jean, en el coro, como un gran mueble que había estado en desuso hacía más de diez años según algunos locales que se acercaron a mirar por curiosidad de ver movimiento en el templo. Con el paso de los días fue dejando de ser una estructura imponente para convertirse en cientos de piezas: tubos (más de mil), maderas, mecanismos exageradamente pesados, cables, etc. Todo bajado por escaleras estrechas, con extremo cuidado y algo de ingenio. A medida que avanzábamos, en la pared quedaba marcada la silueta de lo que había sido el instrumento, como una huella. De hecho, al inicio del desmontaje encontramos dentro del instrumento, una pintura que mostraba la iglesia previo a muchas reformas.
Pero el viaje no se quedó sólo en el templo. Muy pronto empezó otra parte igual de intensa: salir a buscar instrumentos por distintas ciudades y pueblos. Y ahí cada historia fue distinta. En una casa de montaña, por ejemplo, un piano de media cola esperaba junto a una ventana. No era casualidad: era la única forma de sacarlo. Hubo que desarmarlo parcialmente, entre los tres que fuimos deslizarlo con cuidado, mucho esfuerzo cuesta arriba y coordinación; nos apoyamos de tablas prestadas por la dueña del piano para subirlo hasta la ruta y luego al camión para que nos acompañe en toda la travesía que quedaba por hacer.
En otro punto del recorrido, ya a media noche, con poca luz, nos tocó mover un piano completamente distinto: aunque más pequeño, también más pesado, más difícil. En un jardín, con la tierra mojada por la lluvia, el barro que se había formado era el gran desafío, el instrumento de aproximadamente trescientos kilos se hundía en la tierra en cada intento de moverlo. Avanzaba de a poco, entre varios, haciendo mucha fuerza . Fueron pocos metros, pero agotadores y con un resultado un poco sucio para todos. Parte de la recolección de instrumentos también estuvo marcada por armonios en perfecto estado, órganos en iglesias pequeñas, instrumentos electrónicos, clavecines —Cada uno más difícil de sacar que el anterior—. En muchos casos, quienes los donaban acompañaban el proceso, ayudaban, miraban y preguntaban. Todos con algo en común: la tranquilidad de saber que esos instrumentos no iban a quedar olvidados, sino que iban a seguir sonando y construyendo una nueva historia al otro lado del océano.
Ese es, en definitiva, el corazón del proyecto. Todo lo que se reunió en Suiza no es simplemente un traslado: es la intención de darle una segunda vida. Los instrumentos viajarán a Uruguay para convertirse en herramientas pedagógicas, para formar músicos, para abrir espacios donde hoy no existen, y para acercar la música académica a lugares donde todavía tiene poco desarrollo.
Hoy, ese viaje ya está en marcha. El contenedor con todos los instrumentos se encuentra atravesando el océano y se estima que llegará a Montevideo el 11 de abril. Cuando llegue, comenzará otra etapa: la de volver a armar, restaurar y, sobre todo, escuchar. Porque si algo quedó claro en este recorrido es que los instrumentos no son solo objetos. Son oportunidades. Y gracias a quienes decidieron donarlos, esas oportunidades ahora también van a existir para Uruguay.» -Vincent Garcia

