Ciencia:
A más de 20.000 millones de kilómetros de la Tierra, allí donde la luz del Sol es apenas un parpadeo en la penumbra cósmica, dos exploradores solitarios siguen avanzando. Son las sondas Voyager 1 y Voyager 2, lanzadas en 1977. Lo que comenzó como una misión de cinco años para estudiar los gigantes gaseosos de nuestro sistema solar se ha convertido en la odisea más grande de la historia espacial: el primer viaje de la humanidad hacia el espacio interestelar.
Diseñadas con tecnología que hoy nos parecería primitiva, la memoria de un teléfono celular es millones de veces más potente que la de estas naves, las Voyager se han negado a morir. Contra todo pronóstico, siguen comunicándose con la Tierra, enviando datos sobre lo que hay más allá de las fronteras del dominio del Sol.
Un gran tour que cambió la ciencia para siempre
A finales de la década de 1970, una alineación planetaria única, que ocurre solo una vez cada 175 años, permitió a la NASA planificar el «Gran Tour». Utilizando la gravedad de cada planeta para impulsarse hacia el siguiente (un efecto de asistencia gravitatoria), las sondas lograron acortar el viaje a los planetas exteriores de 30 a solo una década.
Con los Voyager se pudo avanzar en datos cruciales para comprender nuestro universo.
Volcanes activos en Ío, una de las lunas de Júpiter (la primera vez que se vio vulcanismo activo fuera de la Tierra).
Indicios de un océano subterráneo en Europa, abriendo el debate sobre la vida extraterrestre.
Los intrincados detalles de los anillos de Saturno y la densa atmósfera de Titán.
Los secretos de Urano y Neptuno, siendo la Voyager 2 la única nave humana en haberlos visitado de cerca.
Las Voyager no solo llevan instrumentos científicos; también cargan un mensaje en una botella lanzado al océano cósmico. Cada sonda transporta un disco de cobre bañado en oro con sonidos e imágenes seleccionados para retratar la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra.
«Este es un regalo de un pequeño y distante mundo, un testimonio de nuestros sonidos, nuestra ciencia, nuestras imágenes, nuestra música, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.»
— Carl Sagan, astrónomo y director del comité que creó el disco.
El archivo lo que incluye es saludos en 55 idiomas, música de Bach, Mozart y Chuck Berry, cantos de ballenas, el sonido de la lluvia y más de un centenar de imágenes que explican quiénes somos, por si alguna civilización extraterrestre las encuentra alguna vez.
En 2012, la Voyager 1 hizo historia al cruzar la heliopausa, la frontera matemática donde el viento solar se detiene y comienza el verdadero espacio interestelar. La Voyager 2 la siguió en 2018. Hoy, ambas naves viajan por el vacío profundo. Comunicarse con ellas es un ejercicio de paciencia extrema: una señal de radio tarda más de 22 horas en llegar desde la Voyager 1 hasta nuestras antenas en la Tierra, y otras 22 horas en recibir respuesta.
| Dato Clave | Voyager 1 | Voyager 2 |
| Fecha de lanzamiento | 5 de septiembre de 1977 | 20 de agosto de 1977 |
| Estado actual | Espacio interestelar | Espacio interestelar |
| Misión principal | Júpiter y Saturno | Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno |
| Tecnología a bordo | Grabadoras de cinta digital | Grabadoras de cinta digital |
Algunos mitos sobre los Voyager
A finales de 2023, la Voyager 1 empezó a enviar a la Tierra un mensaje que parecía una secuencia repetitiva de unos y ceros sin sentido. No era información científica ni telemetría útil, sino puro sonido sin sentido.
Muchos portales de misterio y videos de TikTok exageraron la noticia diciendo que la nave estaba transmitiendo un «mensaje alienígena» o un código indescifrable que la NASA no podía entender.
La realidad era que lo que ocurría no venía de afuera, sino de adentro de la propia sonda. Se tratabda de uno de los tres sistemas de computadoras a bordo, el Flight Data System (FDS), encargado de empaquetar los datos antes de mandarlos a la Tierra.
Un solo chip de memoria se había corrompido (aproximadamente el 3% de la memoria del sistema), ya sea por desgaste tras casi 50 años funcionando o por el impacto de una partícula cargada del espacio profundo. Como el chip estaba roto, el sistema se quedó en un bucle enviando datos corruptos. Los ingenieros de la NASA pasaron meses analizando la señal hasta que lograron descifrar qué parte de la memoria fallaba. En abril de 2024, mediante un parche de software histórico enviado a miles de millones de kilómetros, «puentearon» la zona rota y la Voyager 1 volvió a hablar en lenguaje legible, mandando datos perfectos de vuelta.
El apagón inevitable
El tiempo se acaba. Las sondas funcionan gracias a generadores térmicos de radioisótopos (plutonio-238), una fuente de energía que se degrada año a año. Para estirar su vida útil, los ingenieros de la NASA han tenido que tomar decisiones difíciles en los últimos años: apagar calentadores, desactivar instrumentos científicos no esenciales y reprogramar software antiguo para esquivar fallas de hardware.
Se estima que hacia finales de esta década, o principios de la próxima, las Voyager se quedarán sin energía suficiente para comunicarse con nosotros. Sus instrumentos se apagarán y el contacto por radio se perderá para siempre.
Sin embargo, libres de la fricción y de la gravedad de los planetas, ambas sondas continuarán navegando en silencio por la Vía Láctea durante miles de millones de años.
Redacción: Lucia González

