El recluso, procesado en 2017 por una millonaria estafa al Fonasa, impartió órdenes a distintas seccionales policiales desde su celda, mediante un teléfono celular.
Se reportaron entre seis y diez llamadas y en ningún caso se acataron sus pedidos.
La celda del recluso fue requisada y se encontraron varios teléfonos celulares. La policía investiga como pudo acceder a tantos dispositivos.
Este hecho reaviva la polémica acerca del uso de celulares por parte de los reclusos dentro de las cárceles.
Hay técnicos que opinan que es bueno que los internos mantengan contacto con su familia.
Algunos sostienen que incluso es una buena herramienta para hacer trabajos de inteligencia, ya que se pueden interceptar las llamadas de integrantes de organizaciones delictivas, y obtener información para desarticularlas.
En la administración de Bonomi como ministro del interior, se colocaron bloqueadores de celulares en las cárceles, pero al parecer no han dado resultado.
